
Al lugar donde ingresamos
había un silencio que era parte del paisaje y sólo los saludos de cortesía a
los camareros y algunos leves gemidos, resumían todo el ruido que se podía
escuchar al caminar por los pasillos. Dentro del sitio había una taberna fría con
luces tenues; música a bajo volumen y contadas parejas sentadas en sillones
amoblados nos rodeaban. Esto nos servía...